Capítulo 1

1.1

Hacía mucho que no tocaba a un hombre. Y nunca lo hice de esta forma. Mis dedos se detienen en sus arrugas, las minúsculas que salen de sus ojos, las de las comisuras de sus labios, las de sus pliegues; y en los pezones, en las palmas de sus manos, en los párpados, en las líneas rectas de sus brazos y sus piernas. Avanzan ansiosos por su piel; la modelan, la perciben, la retienen en mi memoria. Por si ya nunca vuelven. Mi boca busca la suya. La encuentra. Siempre responde.

Es como un aguacero de primavera para la sed de la tierra.

Y está tan duro. Aunque puede que me lo parezca solo a mí. No sé. Pero qué importa. Nada importan ni su rostro ni su pelo ni su cuerpo, solo importa que se entrega a mí, que me hace sentir, que lo deseo y me corresponde.

Así lo imaginé la primera vez que lo vi aparecer con aquellos pantalones negros tan extrañamente anchos y la sudadera gris por la destartalada puerta del gimnasio. Duro como las lápidas sin nombre de un cementerio romano, pero con probabilidad homosexual, tan de moda en estos momentos. Eso pensé, aunque esa opinión no fuera propia de mí: Malena para quienes más me quieren, Magda para algunos durante demasiado tiempo, Magdalena según me bautizaron, y solo yo para mí misma. Llevaba tanto tiempo no siendo yo… Gracias por haberte encontrado; sí, gracias por permitirte sentir, al fin.

Debe de ser la placidez que me invade después de haber sentido mi alma y la suya, enredadas como si fueran una, por primera vez en mi vida. Tiene que ser eso, la enajenación postcoito, la felicidad inmoral que transpira cada célula tras haber follado, como diría sin vacilar mi querida Laura. Aunque yo sigo sin poder contarlo sintiéndolo como algo natural, como lo que es, lo que llevaba tanto tiempo ansiando y por fin tuve; sin amor, ¿y qué más da si sirve para renacer?

No me sonrojé cuando me pidió que pasara la noche con él porque lo había deseado tantas veces como las que me había preguntado ante el espejo cómo alguien así iba a fijarse en mí. No estoy acostumbrada a tener que competir: durante demasiado tiempo tuve pareja o, mejor dicho, compañía segura. Y todo venía rodado. Pero tal vez su culo me haga olvidar aquello. Si Laura pudiera verme ahora, seguro que lo diría: «¡Hay que ver, Malena, qué puta te has vuelto!».”

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