En la actual era llamada de la información, esta fluye por infinidad de canales y se difunde con la fuerza de un vendaval, desbordando los cauces clásicos. A causa de la naturaleza de Internet y del acceso cada vez más generalizado a la red, el control de las fuentes y la verificación de las afirmaciones resulta a veces imposible, y por ello es esencial identificar cuándo son fundadas las opiniones y las creencias que nos llegan de forma masiva, a infinidad de personas, en un tiempo mínimo y a través de los medios más diversos (redes sociales, prensa digital, blogs, vídeos, etc.). En este nuevo entorno de comunicación instantánea y masiva, los rumores falsos y las calumnias encuentran un medio ideal  en el que propagarse como los virus. Y es responsabilidad nuestra saber reconocer los mecanismos por los que las informaciones falsas pueden llegan a convertirse en creencias e instaurarse en nuestra sociedad y, sobre todo, identificar el modo en que podemos reaccionar ante ellas para no permitir que los que difunden creencias falsas, potencialmente dañinas para instituciones, personas, y en consecuencia, para todos, se instalen también en nuestras creencias compartidas y de ese modo terminemos colaborando a su propagación. En su libro Rumorología, Cass R. Sunstein expone la forma en que los rumores se expanden en forma de cascadas sociales, cómo estas cascadas a veces se deben al conformismo de quienes participan en ellas así cómo la tendencia a la polarización de las opiniones cuando se debaten en un grupo en el que las creencias previas se comparten. Conocer y comprender estos mecanismos resulta imprescindible para actuar de forma responsable ante la difusión de mentiras, lo que perjudica al desarrollo de una sociedad sana y plural. Me interesan mucho estos mecanismos y por eso tomo estas notas.

Las cascadas de información

Su funcionamiento es sencillo: “cuando cierta cantidad de gente parece creer un rumor, otros también lo harán a menos que tengan buenas razones para creer que ese rumor es falso”. Una gran parte de los rumores trata sobre asuntos que la gente desconoce y la mayoría deja que sean los demás quienes decidan si son ciertos o no; cuantos más lo crean, más fácilmente lo creerán también los siguientes que lo escuchen. Las cascadas son muy habituales y más aún en Internet, donde la cantidad de personas que contribuyen a difundirlos puede ser inmensa en un tiempo ínfimo. Además,  aunque no se crean, “afectan a nuestras creencias y a nuestro comportamiento” porque socavan nuestro sistema de creencias y pueden influir en otras que nos formemos posteriormente. Como señalaba Clifford en La ética de la creencia, todos contribuimos a las creencias de todos. Para que se produzca una cascada de información, es imprescindible que alguien cambie su opinión porque otro haya afirmado antes la veracidad de una creencia.

Por otro lado, hay veces en que las cascadas tienen un efecto beneficioso: cuando difunden verdades. Sin embargo, si divulgan mentiras, generan dos grandes problemas sociales: la gente llega a creer algo que es falso y que es posible que sea perjudicial (pueden arruinar relaciones, personas, negocios o carreras profesionales); el segundo problema es que quienes forman parte de la cascada no confirman sus dudas. La cantidad de información de la que disponemos unos y otros es diferente, también varían las motivos para aceptar un rumor falso (predisposición, ignorancia, indiferencia, etc.). Esto significa que muchas personas pueden terminar aceptando rumores falsos y cuantos más acepten previamente, más se aceptará el rumor porque hay muchos ya que lo creen. El número de personas que creen algo influye en la valoración de los siguientes que conocen esa creencia a la hora de aceptarla también. La gente se deja influir por lo que opinan otros antes que ellos.

Es muy interesante el experimento que detalla Sunstein (pág. 48) sobre las canciones que se descargan en grupos creados artificialmente. Sus miembros tienden a descargarse aquellas que otros antes ya se habían descargado en mayor cantidad. El éxito de las canciones es impredecible y su supuesta calidad no influye tanto como el que haya habido otros antes que las hayan descargado. Esto demuestra que la influencia social es importante en el comportamiento humano. Incluso al engañar a los siguientes que descargaban y decirles que algunas canciones que en realidad eran impopulares habían sido muy descargadas,  estas se volvían populares. La conducta de la gente se ve afectada por la percepción, aunque sea falsa, de los demás. Este hecho sociológico ayuda a explicar cómo se difunden los rumores: vivimos en una especie de mundos paralelos y lo que la gente conoce dentro de su mundo tiene más probabilidad de difundirse y creerse. Si los propagadores son inteligentes, intentarán convencer a los demás de que los rumores ya han sido creídos por otros muchos antes. Lo peligroso de las cascadas es que generan creencias diferentes en cada uno de los grupos donde se difunden unas y otras y estas creencias son muy difíciles de corregir más adelante.  Pero lo que más me interesa de esto es cómo el mismo mecanismo funciona con la literatura. Extrapolad el ejemplo de las canciones a las novelas y allá que vamos.

 Las cascadas de conformismo

A veces alguien puede no creer un rumor pero terminar haciendo que lo cree para estar de acuerdo con la mayoría. Este es el mecanismo básico que explica por qué algunas personas pueden llegar a afirmar lo que en realidad no creen cuando se encuentran en una cascada. Este mecanismo también permite fundamentar creencias. La presión de los demás importa y conduce a la falsificación del conocimiento. Las personas falsearán su propio conocimiento o al menos obviarán sus dudas si la masa está en contra. Las cascadas de conformismo a veces generan creencias verdaderas pero sobre todo suelen difundir mentiras a través de la presión del grupo, para no estar en disonancia con los demás. Eso permite afianzar también los rumores falsos.

  La polarización de grupo

Un tercer mecanismo que se observa en la transmisión de rumores es la polarización de grupo. La deliberación entre personas con pensamientos afines a menudo consolida los rumores falsos, el mecanismo por el que esto se produce es distinto de las cascadas de rumores, porque al deliberar juntos, sus opiniones tienen a radicalizarse, si esa creencia previa es un rumor, al hablar de él con otros, la creencia se afianzará. El resultado de la deliberación depende de la creencia previa, puesto que es la que marca hacia dónde irá la opinión del grupo posteriormente. Se observa que el resultado de la deliberación depende del punto de partida que sea el más común dentro del grupo. La explicación de por qué la polarización de grupo afianza y difunde los rumores tiene que ver con el modo en que las personas que parten de ideas afines terminan extremando sus opiniones al compartir sus ideas con otros. Por un lado “el intercambio de información intensifica las creencias preexistentes”. Los demás aportarán argumentos a favor de su creencia previa y esto afectará a las otras personas. El apoyo mediante las razones de los otros a su creencia previa la reafirma. Además, apenas se argumentarán razones en contra si partimos de un grupo donde la mayoría esté más o menos a favor de una creencia. No hay forma de cambiar de idea porque los demás tampoco serán muy proclives a hacerlo. La probabilidad de que al concluir se hayan convencido más es muy alta.

Por otra parte, “nuestras opiniones se fortalecen cuando las corroboran, y cuanto más se fortalecen tienden a volverse más extremas”. Cuando una opinión es compartida por otras, aumenta la confianza en que uno tenga razón, esto se demuestra en varios contextos experimentales, influye el que la confianza se incrementa y esto hace que las opiniones se consoliden: cuanta mayor confianza y extremismo hay en el grupo, más aumentará la seguridad de la creencia y menos oposición habrá. Incluso quienes dudaban podrían convencerse. Este proceso en las redes sociales e internet es muy rápido.

Además, el extremismo se puede radicalizar por miedo a la reputación y esto puede hacer que se terminen apoyando “rumores crueles, destructivos y falsos”. Las personas quieren que los demás miembros de un grupo opinen bien de ellos y a veces nuestras opiniones reflejan cómo queremos que los demás nos vean, si en el grupo hay una opinión dominante, podríamos cambiar la nuestra para que se parezca a ella. Con el fin de que nuestra imagen personal sea óptima, podemos moderar nuestra opinión o adherirnos a la dominante aunque no coincida con la nuestra. Este mecanismo es importante para transmitir rumores, nos puede llevar a aceptar creencias de otros por razones ajenas al conocimiento, invalidando incluso nuestro juicio. Podría ocurrir que en un grupo prevalezca una opinión en un sentido pero que sus miembros no la mantengan en privado.

 Concluyendo

Los rumores siempre han sido una fuente de difusión de falsedades y también de certezas, pero en este momento en que Internet permite que un sinfín de personas, incluso desde el anonimato o con identidades falsas, difunda rumores a la velocidad de un clic, es más necesario que nunca conocer el modo en que se fundamenta su mecanismo de transmisión. Identificarnos como seres sociales que nos vemos influidos por las opiniones de los demás hasta el punto de hacernos cambiar de opinión, no deseamos ir en contra de la mayoría y radicalizamos nuestras propias creencias al encontrar el respaldo de otros que opinan como nosotros nos ayudará a no fomentar la propagación de falsedades que contribuyen a crear el imaginario colectivo de creencias en las que se basa el conocimiento.

Citando de nuevo a Clifford: “Todos tenemos la obligación universal de cuestionarnos todo lo que creemos”. Nuestras creencias son propiedad común y repercuten en las creencias de los demás y, con ellas, en el modo en que vivimos

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