Releyendo críticas de mis novelas en Amazon, me he encontrado con esta. Es espectacular, sobre todo porque parte de una lectora, Teresita Juarez, que es profesora y, además, una lectora ávida. La reproduzco aquí:

By Telechi

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This review is from: Prométeme que serás delfín (Spanish Edition) (Kindle Edition)

“… Un libro tiene que ser un hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro.” Franz Kafka.

Un libro que no puede dejar indiferente a nadie. Un alegato muy fuerte a favor de los que deben ser los derechos más cuidados por el estado en un sistema de gobierno democrático: la educación y la salud. Y copio esa cita de Kafka porque fue lo que me vino a la mente cuando, estremecida, terminé de leer el libro. El hacha empezó a no dejarme en paz hasta buscar respuestas.

La cantidad de recursos utilizados por nuestra autora, que a su vez generan también cantidad de sentimientos, es notable:

1) Dos voces que relatan en tres tiempos distintos, desde el presente de los hechos en dos de los casos y desde el presente del adulto que fue niño cuando sucedieron los crímenes. Dos voces adultas y una infantil. Nada fácil de congeniar y coordinar.

2) El ENOJO. Creo que Amelia estaba enojada y aprovecha la fuerza de ese enojo para escribir sin medias tintas. Y hace enojar. Me enojé con el relato, con Adela, y mi primer enojo fue con ella, con Amelia, porque (además de ser docente), enseguida la pregunta es: ¿Existe aún una figura docente como la de Adela? Y la primera reacción debe ser la que yo tuve: analizarlo desde mi punto de vista, y contestarme ¡no!, ya los docentes crueles no existen. Esto es un estereotipo me dije y justifiqué lo que creo o creía exageración, diciéndome: es otro recurso usado por la autora para justamente movilizar, enojar, pero que no muestra una realidad en absoluto. Buscaba… ¿tranquilizarme? Podría ser, pero cuando la mente está inquieta y algo le hace ruido, el hacha empieza a romper el hielo y nos va haciendo recordar: cuando al hijo de una gran amiga ( luego tendría el diagnóstico de hiperactivo), con 7 años, lo encerraron en un armario de su escuela ( año 1989, 6 años pasados de la maldita dictadura que padeció mi país, es decir, estábamos en democracia), el año pasado, 2013, un video, colectivo, una nena de cinco años con guardapolvo de jardín y en su pecho un cartel: “mi papi y mi mami deben dos meses de la cuota de mi jardín”. Todos escandalizados, jardín cerrado, etc., pero el mal sobre la criatura estaba hecho. Y habrá otros, como la violencia verbal, las burlas, la desvalorización. Pero, también es cierto que no todos lo harán. Luces y sombras…

Y acá me surge una pregunta: si el libro fue escrito en 2013 y la adulta que recuerda fue niña en aquel  momento ¿De qué años hablamos? Alrededor de ¿1990? Creo que es importante saberlo porque en aquellos años empezaban a fortalecerse ciertos derechos como los de la infancia y comenzaban las reformas educativas. Es decir, es una pregunta como para esperanzarse que 20 años después tal vez, en lo que a derechos o formación humana docente se refiere, estemos algo mejor. Incluso a pensar que el sistema va a reaccionar, porque creo que ante lo que hace Adela surge la denuncia inmediata y el mecanismo escolar comienza a funcionar. Espero… También puede ser que la niña que ya es adulta recuerde desde el año 2030, pero me aferro a una luz en el camino.

Y luego, el otro enojo, el mayor, la rabia contra los corruptos, contra los que se enriquecen desde el poder, recortando derechos y olvidando deberes. La falla de las dirigencias, dicho en plural porque sirve para todos los países, algunos más golpeados que otros, pero todos inmersos en la corrupción y podredumbre de un capitalismo salvaje e inhumano absolutamente globalizado.

3) LA ESPERANZA. Representada a mi entender en esa madre que no baja los brazos aunque se sienta sola, aunque se sienta enloquecer, en los docentes que la hacen emocionar hasta las lágrimas cuando percibe que la contienen, en la búsqueda permanente de mejorar desde su lugar el sistema de salud, en la fuerza de la amistad infantil, en la lealtad de algunos hacia el par que sufre, en la coherencia de las enseñanzas de la abuela Blanca, en el acento que pone al afirmar que necesitamos delfines, “sed delfines, en la incitación a la lectura, en el homenaje a la ternura materna: “tu corazón se angustia cuando ves llorar a tu hija y se rompe en miles de pedacitos irrecomponibles cuando sabes que sufre por culpa de otros”. “Hija mía no sé cómo te las apañas. Como tú mamá y como tantas, antes y después”. Creo que a pesar de la dureza del relato, el mensaje es: podemos ir mejorando. Y también creo que el mensaje está en modo imperativo: ¡Tenemos y debemos luchar e involucrarnos para ir mejorando!

4) El DOLOR. Porque a mí el final, es decir, la resolución del crimen me dolió (rogaba que no fuera como me venía imaginando), porque cuando las desgracias involucran a criaturas e implican, no solo el horror sino también la pérdida de la inocencia, el dolor es fuerte. No hay nada que me aterre más que la vulnerabilidad de la infancia, cuando deben enfrentar mentes enfermas que para ellos, los niños, pasan por ser normales. Y ese dolor que me genera a mí, que tiene que ser el mismo en Amelia, es otra vez el hacha queriendo golpear, avisando sobre cómo se está comprometiendo el futuro. Todo esto genialmente contenido como catarsis en el discurso de la madre frente a su psicólogo.

5) EL HUMOR SUTIL o la IRONÍA FINA, que genera la sonrisa espontánea por su realismo, por su ternura, por su franqueza. Lo encontré cuando todavía el libro o el hacha no me habían estremecido. Es como un guiño de la autora y hay que leer entre líneas. Está presente en esos monólogos íntimos de la madre, cuando se pregunta si la mató ella. Porque en su desesperación es como que soñaba con hacerlo. “Al final, seguro que la maté yo. Seguro. ¿Quién si no? Ya hasta me veo haciéndolo”. Otra: “Me acuerdo justo un par de meses antes de que mataran a Adela-o de que la matara yo, no sé”. No es como leí por allí que ella disfrutara con la situación, sino que era tanta la angustia, tanta la desesperación que sentía que frente al hecho concreto y ella sola frente al espejo no puede dejar de sentirse aliviada. Me recuerda a muchos monólogos internos leídos desde los clásicos hasta acá, cuando uno, solito con su alma, puede confesarse sentimientos que nunca contaría a nadie. ¿Y quién no ha sentido odio cuando algún adulto hace sufrir gratuitamente a una criatura? Y si esa criatura es tu hijo… Yo puedo llegar a odiar y a querer sacarle los ojos. Y me ha pasado. Y otra frase que me hizo sonreír (creo que era algo así, no puedo encontrarla): “¿En Finlandia no hay chicos hiperactivos?”, pregunta globalizada sobre el modelo perfecto. Y la última, cuando la niña recuerda “No podía dejar de pensar en ello, mientras a la sustituta le daba otra vez por hablar sobre nuestros sentimiento y emociones”. Esa frase es genial porque los adultos y sobre todos los tutores (lo he visto), se les da por largar sermones o hacer sesiones en que despiertan emociones en los chicos, que después no pueden manejar. Y esa forma de expresarlo la criatura “le daba…”, tal cual. Los adultos imponemos momentos, charlas, temas y los chicos…en su mundo.

6) El DEBATE. Los frentes de debate que abre son innumerables: la salud pública, el ejercicio de la docencia, el lugar de los padres dentro de la comunidad escolar, los docentes agresores y los docentes agredidos, los docentes que se sienten rechazados y juzgados por la sociedad, la falta de recursos en las escuelas, la falta de preparación de los maestros para atender a chicos con características distintas a la media ( y acá pongo el acento que es el estado el que debe proporcionar esa capacitación, porque el docente no fue formado para esa realidad), la falta en las escuelas de personal calificado, los cursos cada vez mas recargados, (me causó gracia la imagen de la nena que se ve en los próximos cursos sentadas unas arriba de las otras). Y acá de nuevo el hacha, podemos estar de acuerdo o no con el planteo, pero que abre un debate riquísimo es innegable y allí entonces lo que brinda este libro es altamente valorable. Discusión, debate, choque de ideas, reflexión, búsqueda, enojo, esperanza, todo es bueno si moviliza a sociedades que están como alertagadas, como estupefactas frente a la realidad que golpea.

CONCLUSIÓN: no entré en detalles de argumento porque ya leí muchas opiniones que lo incluían. Por elección propia nunca me inclino por la novela negra. Como los libros se me meten en la piel, siempre este género me produce algo cercano a la angustia y debo concientizarme que es ficción para reacomodarme. Muchas veces la realidad supera la ficción y por eso es como que leyendo tanto realismo trato de evitar lo negro porque para qué agregar más elementos macabros a la vida diaria, que ya con la realidad que leemos (en hechos históricos que nos precedieron y actuales) y vivimos es suficiente. Me afectan las escenas violentas, las que tienen a niños como protagonistas, los crímenes hechos hacia o por criaturas me espantan (por lo que implica para ellos y por vivenciar absolutamente la violencia hacia la que han estado expuestos y de la que han sido víctimas). Pero como dije antes, es mi elección y dentro de lo que me genera sufrimiento, destaco aquello que no es ficción, la realidad extenuante y desquiciante de las familias que tienen que luchar en un mundo no preparado para este tipo de enfermedades: “Si hubiese sido diabético, le habrías dado medicinas enseguida. Pero esto es otra cosa. Esto es una enfermedad inventada”. Y este aspecto no es ficción y por eso me interesó el libro y me gustó el estilo cuidado y respetuoso de Amelia para tratar un tema tan urticante y tan cercano a nuestra realidad docente. Y no me defraudó. Puse el acento en mis percepciones y en lo que más allá de otro contenido me impactó. Creo que es un libro que debe leerse y debatirse sobre todo entre los docentes, sin temores, sin estar a la defensiva, sabiendo que no hay generalizaciones, sin prejuicios, sin escandalizarse, porque hay que entender que es una novela negra y utiliza recursos que son propios del género y que busca eso, movilizar, desafiar. Y también debe leerse teniendo capacidad de autocrítica y por qué no, haciendo oír nuestras razones y mostrando nuestra realidad docente. Y no enojarnos, no creer que nos señalan con el dedo y tampoco negando, “esto ya no sucede”, porque ahí abrimos de nuevo la puerta al posible suceder. Seamos cautos en el análisis y aceptemos que como en todas las épocas y en todos los oficios y profesiones hay de los buenos y de los otros. Realidades tan parecidas, aunque hablemos de España y de Argentina, de Europa y Latinoamérica. Y mi reconocimiento a Amelia por su valentía, por su convicción en la capacidad de cambio, por no conformarse, por ser delfín.

La frase que elijo, no va a ser la del delfín porque ya fue elegida por muchos y es hermosísima, pero prefiero rescatar esta, como grito movilizador: “Necesito hablar con alguien de todo esto; de la crisis, de la monstruosidad que están haciendo con nuestro mundo, con lo que más importa; de mi vida, de mi no vida. Necesito que me escuches. Alguien a quien contarle que todo lo que he sido se ha ido. Que me siento engañada, destrozada, ultrajada, hundida, humillada, maltratada, desesperada. Que me parte el alma imaginarme la vida que tendrán Sofía y sus amigas”.

 

Esta es una opinión de una lectora de “Prométeme que serás delfín”.

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