Salía de clase detrás de sus compañeros pero, a diferencia de ellos, él no llevaba puesto un mono de esquiar ni los mofletes rojos del sol ni el pelo enmarañado del aire frío de la sierra. Él, sin embargo, lo que intentaba ocultar en su rostro eran sus lágrimas de niño rechazado, al que le han prohibido ir a la excursión como los demás niños de su clase, como los “normales”.

Tengo que explicar que, para mí, Sergio es un niño normal aunque, en realidad, no lo sea: es un niño empático e inteligente como pocos, de los que se quitan su chaqueta y se la ofrecen a su amigo cuando se dan cuenta de que tiene frío. Lo sé además porque le doy clase de inglés, junto a algunos otros amigos de mi hija, compañeros todos del colegio. En el sistema educativo actual, él, por sufrir el denominado Trastorno de Déficit de Atención, está catalogado como alumno con necesidades educativas especiales. Sin embargo, en mi clase, él es el que mejor se porta, quizás porque lo quiero mucho y él me quiere a mí, y eso, tan listísimo él en su torpeza atribuida, lo nota enseguida y se acerca a mí y quiere agradarme, y el inglés es la asignatura que menos trabajo le cuesta estudiar, fíjate tú qué casualidad.

Cuando lo he visto salir llorando en la fila, detrás de otros muchos de sus compañeros, ellos felices y él con la mirada rota, le he preguntado a su madre. Ella también lloraba. El corazón se parte cuando ves sufrir a tu hijo y lo hace en cientos de pedazos irrecomponibles si eso sucede a menudo. Entonces me ha contado: sus profesores no le han dejado ir a la excursión. Era peligroso; Sergio tiene la psicomotricidad un pelín retrasada, es un niño que se excita con facilidad, que podría “liarles alguna”. Ha tenido que quedarse en el colegio con otros niños que, por diversos motivos, tampoco han podido disfrutar de su día de alegría.

Pues bien, esta vez no voy a criticar al sistema; este sistema educativo que deja apartados a los críos como él con tan solo nueve años, que los aparca y los expulsa, que no les premia su enorme esfuerzo en comparación con el de los demás, su aprobado raspado que debería valorarse como un sobresaliente siempre porque, para sacarlo, Sergio debe superarse a sí mismo cada segundo. Pero no, hoy no voy a criticarlo, hoy voy a criticar la falta absoluta de humanidad de un sistema que no piensa en los niños como él, que no los tiene en cuenta, que los margina sin compasión y sin inteligencia ninguna.

Porque evitar las lágrimas de Sergio y de su madre, y premiar de paso el enorme esfuerzo que hacen ambos en comparación con el de las demás familias que lo tienen mucho más fácil para salir adelante en este sistema educativo imperfecto, era muy sencillo: bastaba con haber organizado una salida a algún otro lugar en el que Sergio no hubiese estado expuesto a ningún peligro. Era tan fácil como pensar en todos los niños y no solo en los “normales”.

Qué ganas tengo de hablar de Sergio. Qué ganas. Mi siguiente novela, Prométeme que serás delfín, tratará de una niña con la misma dolencia que sufre mi queridídismo y brillante alumno anormal, porque estas cosas duelen tanto que contarlas en alto sirve siempre como exorcismo y alguien debe seguir ejerciendo esa función incluso ahora que parece que todo está dejando de importar.

definitiva-con-claimcapturaNota cuatro años después:

Este artículo lo escribí en 2012. Poco tiempo después concluí mi novela “Prométeme que serás delfín” cuyos derechos adquirió Suma de letras, del grupo Penguin Random House. Se publicó en febrero de 2016 y sigue disponible en las librerías (en España) y en digital en los principales portales.

El post original se publicó en mi blog: http://plateroyellos.blogspot.com.es/2012/03/hoy-he-visto-llorar-un-nino.html

15 respuestas a “Hoy he visto llorar a un niño con TDAH

    1. Hola, Sabrina, el libro en papel no ha llegado a Argentina, creo que se puede conseguir en digital, pero si no lo encuentras, escríbeme y te lo envío. Mucho ánimo y suerte en vuestro camino y que os encontréis con profesoras y profesores maravillosos, que las hay en todos lados y os ayudarán.

  1. Estoy muy emocionada … al punto de estar llorando como una niña desconsolada… estas palabras expresan lo que muchas veces vivió mi amado hijo … al leer estos párrafos revivo una y otra vez esos hechos vividos que lastimaron a mi hijo. lastimosamente esa es la cruda realidad de los niños con TDAH.

  2. Muy triste,, la “sociedad” se deja llevar por
    Rumores, y no se informan,, es una pena, y los chicos o personas con capacidades diferentes, son etiquetados desde su propia casa, escuela, y muchas veces sus mismos padres, los escluyen de otros hijos,,
    Debería de haber mas difusión y educación del tema,,,

  3. Gracias por vuestros comentarios, hay mucha gente a quien le interesa conocer cómo son las personas diferentes para aprender a respetarlos. Este libro intentaba eso, ojalá lo consigamos entre todos.
    Un abrazo,
    Amelia

  4. Hola Amelía Noguera
    Me gustaría tener tu libro,prometerme que sera delfín, lo puedo conseguir en librerías.
    Mi hija tiene TDAH.
    Gracias

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